Barcelona vivió el pasado sábado una de las noches más violentas de los últimos años en el centro de la ciudad. Lo que se presentó en redes sociales como una movilización estudiantil inspirada en las protestas francesas derivó en una oleada de saqueos, incendios y enfrentamientos con los Mossos d’Esquadra. El balance provisional es de 128 detenidos —72 de ellos menores de edad—, 23 comercios vandalizados y 14 agentes heridos, cuatro de ellos graves.
La pregunta que sobrevuela el caso no es quién lanzó la primera piedra, sino quién encendió la mecha. La convocatoria circuló a través de TikTok y saltó después a grupos cerrados de Telegram y WhatsApp bajo el paraguas de una plataforma anónima llamada Blocus. El mensaje original hablaba de «dignidad de los institutos» y llamaba a replicar en España las protestas educativas que han sacudido Francia en las últimas semanas. Incluía un código QR para unirse a los chats, donde las instrucciones eran meridianamente claras: vestir de negro, cubrirse el rostro y, a ser posible, llevar material pirotécnico.
Sin embargo, la propia policía autonómica ha admitido que no se trataba de una protesta al uso. La comisaria jefa de los Mossos, Sílvia Catà, fue taxativa: los participantes no buscaban reivindicar derechos, sino «cometer hechos delictivos» y «reflejarse en los hechos que están pasando en Francia». El experto en redes Marcelino Madrigal lo resumió con aún más crudeza: a los convocados no les atraía protestar por la calidad educativa, sino «obtener productos de lujo de forma gratuita». De ahí que los objetivos fueran tiendas de ropa deportiva, informática y joyerías, no sedes institucionales.
El perfil de los detenidos desmonta el relato
Los datos oficiales complican las narrativas más simples. De los 128 arrestados, 122 son hombres y seis mujeres. Setenta y dos son menores de edad, lo que supone el 56 % del total. Y solo dos tenían antecedentes policiales, ambos por desórdenes públicos. La mayoría, por tanto, no responde al perfil de delincuente habitual ni de activista veterano. Son adolescentes, la mayoría con DNI español, según fuentes policiales.
Aquí es donde la clase política ha empezado a disparar en direcciones opuestas. Alberto Núñez Feijóo responsabilizó directamente a Pedro Sánchez: «Se están resistiendo a abandonar el poder con violencia», afirmó en un mitin en Salamanca, acusando al presidente del Gobierno de «jugar con fuego» y de haber «dinamitado» la paz en España. Vox, por su parte, no esperó a conocer las nacionalidades de los detenidos —que los Mossos no han hecho públicas— y atribuyó los disturbios a «centenares de jóvenes extranjeros». Su secretario general, Ignacio Garriga, vinculó los saqueos con la inmigración y lanzó un eslogan electoral: «El 29N, o Vox o el caos».
La investigación que no encuentra culpable
Mientras tanto, los Mossos d’Esquadra trabajan contrarreloj para identificar a los organizadores. La comisaria Catà explicó que se está monitorizando la difusión de la convocatoria en colaboración con otras policías europeas, pero admitió que acreditar el origen «será complicado». Blocus ha borrado su cuenta de TikTok y el rastro se difumina entre perfiles anónimos y grupos privados de mensajería.
La consellera de Interior, Núria Parlon, describió a los participantes como «gente desorganizada» sin una reivindicación concreta, aunque fuentes policiales piden prudencia antes de descartar una coordinación deliberada. El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, prometió llegar «hasta el final»: «Sabremos quiénes son».
Pero si la policía no encuentra un culpable claro, quizá sea porque el culpable no encaja en ningún relato cómodo. Ni es un movimiento estudiantil con demandas legítimas, ni es una trama yihadista, ni es una conspiración del Gobierno. Es una convocatoria anónima que explotó en manos de menores hiperconectados, en un contexto de precampaña electoral donde cada partido necesita un enemigo. Feijóo necesita a Sánchez. Vox necesita a los migrantes. Y la ultraderecha, si alguien busca un instigador ideológico detrás del caos, tampoco encuentra un chivo expiatorio fácil: los mensajes de Blocus no contenían consignas políticas identificables, solo instrucciones para saquear.
La investigación sigue abierta. Los Mossos han identificado a cerca de 450 personas en el dispositivo y estudian los perfiles de los detenidos para determinar el grado de organización. La Fiscalía estudia pedir órdenes de alejamiento para los menores arrestados. Y en Telegram, un canal llamado Blocus BCN ya animaba a repetir la acción el próximo sábado 31 de octubre, «todos de negro y con capuchas». Si nadie encuentra al culpable, quizá sea porque el fenómeno no tiene un único responsable, sino muchos imitadores.





