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Docentes cercan la Asamblea de Madrid para exigir a Ayuso que negocie

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La séptima jornada de huelga indefinida lleva a los profesores a las puertas del Parlamento regional, donde la presidenta denuncia protestas «fascistas» mientras los sindicatos reclaman una subida de 600 euros y menos ratios

Madrid, 22 de octubre de 2026. Las camisetas verdes volvieron a teñir los aledaños de la Asamblea de Madrid. Centenares de docentes de la educación pública madrileña se concentraron este jueves ante la Cámara regional para exigir al Gobierno de Isabel Díaz Ayuso que se siente a negociar y ponga fin a un conflicto que cumple ya su séptima jornada de huelga indefinida. La protesta coincidió con el pleno en el que se debatían los presupuestos autonómicos, escenario elegido por el Comité de Huelga Unitario para visibilizar la unidad del colectivo y presionar al Ejecutivo.

Los manifestantes bloquearon una de las calles aledañas al edificio y corearon consignas como «huelga indefinida», al tiempo que reclamaban la dimisión de la consejera de Educación, Mercedes Zarzalejo. «Necesitamos que Zarzalejo y Ayuso se sienten a negociar ya», resumió Almudena, profesora de un instituto de Vallecas, en declaraciones a EFE. La docente advirtió de que las movilizaciones no cesarán hasta que se produzca ese encuentro: «No vamos a parar de perseguirles, de convocar cosas, de poner farolillos y lacitos por Madrid hasta que no se sienten a negociar con nosotros».

Un pulso político en el hemiciclo

A escasos metros de la concentración, el conflicto educativo se coló en el debate parlamentario. Díaz Ayuso cargó con dureza contra las protestas y aseguró que «por cada profesor que está reclamando sus derechos hay nueve activistas» que se manifiestan contra ella «de manera fascista». «No me voy a callar», proclamó la presidenta, que denunció sentirse acosada y afirmó que las movilizaciones «le están quitando a los niños el derecho a ser escolarizados». La portavoz de Más Madrid, Manuela Bergerot, reprochó a Ayuso que «viva bunkerizada» y le recordó que ella misma se burlaba antes de que el presidente del Gobierno no pudiera pisar la calle.

El rifirrafe no fue el único gesto de tensión. En el exterior, algunos docentes organizaron un «coro rociero» improvisado con farolillos, en alusión a unas declaraciones previas de Ayuso en las que había tildado al profesorado en huelga de «coro de rocieros». La ironía sustituyó a la pancarta en una jornada en la que la consejera de Educación no compareció ante los medios para responder a las demandas del colectivo.

Las cuentas que no salen

Más allá del ruido político, las reivindicaciones docentes son concretas. Los sindicatos exigen recuperar un máximo de 17 periodos lectivos semanales en Secundaria y FP y 22 en Primaria, reducir las ratios por aula y reforzar el personal de orientación y atención a la diversidad. En el plano salarial, reclaman un incremento de 600 euros mensuales para equipararse a otras comunidades: según CCOO, Madrid ocupa el puesto 13 de 19 en retribuciones, pero si se descuenta el coste de vida los docentes madrileños son «los peor pagados».

Las cifras de seguimiento reflejan la brecha entre las partes. La Comunidad de Madrid cifró el respaldo a la huelga en un 19,5%, mientras que los sindicatos lo elevaron al 60%. El portavoz del PP en la Asamblea, Carlos Díaz-Pache, restó legitimidad al paro al calificarlo de «huelga política» con un seguimiento «muy bajo», y pidió la dimisión del delegado del Gobierno por impedir, a su juicio, la normal actividad de la presidenta.

La marea verde no da tregua. Tras siete días de paro, los docentes mantienen su pulso con un Gobierno regional que, por ahora, sigue sin sentarse a la mesa.

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