Por B. Rojas.
Ya están los perdedores gritando «¡Pucherazo en Brasil!». Dos horas más para votar y ya están preparando la excusa por si los resultados no les gustan. Qué curioso que no griten con la misma fuerza cuando se intenta dificultar que la gente llegue a votar, poniendo obstáculos al transporte y a los autobuses. La democracia no solo consiste en contar votos: también consiste en garantizar que todo el mundo pueda ejercer su derecho a votar.
¿De eso tampoco hablamos?
Y lo de Barcelona da pena, preocupa y, sobre todo, exige rigor. Si la policía no consigue aclarar quién está detrás de los actos violentos, ¿con qué pruebas se señala a determinados culpables? Si quienes provocan esos disturbios no reivindican ninguna causa y, además, circulan mensajes en redes llamando a actuar, lo mínimo es investigar los hechos antes de repartir responsabilidades por conveniencia política. Porque eso de «el que pueda hacer que haga» ya sabemos cómo puede acabar cuando se convierte en una invitación a actuar sin asumir responsabilidades. ¿O es que ahora ya no sirve el discurso de Ceuta cuando no conviene a vuestros intereses?
Pero vamos a ver: ¿de verdad creéis que la izquierda se dedica a romper escaparates? ¿Que la violencia tiene ideología automática y que basta con colocarle una etiqueta para convertir una sospecha en una verdad? Condenar la violencia es fácil; lo difícil es investigar, aportar pruebas y exigir responsabilidades sin manipular los hechos.
¿Y si probarais a hacer política de verdad? ¿Y si, en lugar de gritar, insultar y sembrar sospechas, explicarais vuestras propuestas? «Esto queremos hacer, estas son nuestras medidas, estas son nuestras soluciones». Ah, claro, eso exige algo más que agitar banderas, fabricar enemigos y alimentar el miedo.
Y hay otra cuestión: ¿os imagináis que las investigaciones judiciales y policiales contra dirigentes de la derecha se impulsaran con el mismo empeño, la misma insistencia y la misma exposición pública que hemos visto en determinados casos relacionados con Begoña Gómez, Pablo Iglesias o Álvaro García Ortiz? Porque investigar es necesario, pero investigar no equivale a condenar, y una sospecha no es una sentencia. Si se exige transparencia, que se exija para todos. Si se persigue la corrupción, que se persiga sin distinciones. La justicia no puede ser una herramienta para desgastar al adversario mientras se mira hacia otro lado cuando los investigados son los propios.
Esa es vuestra política: no ofrecer soluciones, sino fabricar culpables; no convencer con argumentos, sino mentir, insultar y gritar cada vez más fuerte. Si no hay pruebas, insinuaciones. Si no hay propuestas, miedo. Si no hay resultados que exhibir, un enemigo al que señalar.
Espero que, salvo esos cuatro iluminados que os siguen con los ojos cerrados y las dos neuronas patinando en direcciones opuestas, la gente termine viéndoos tal como os comportáis: interesados, falsos, insolidarios y mezquinos. Porque amar a este país no consiste en apropiarse de su bandera mientras se desprecia a una parte de su población. Patriotismo no es enfrentar a la gente, sino trabajar para que nadie tenga que vivir con miedo a perder su casa, su trabajo, sus derechos o su dignidad.
Nos queréis quitar hasta la esperanza. Queréis una sociedad en la que el miedo sustituya a la seguridad, el hambre a la dignidad y la rivalidad a la solidaridad. Una sociedad en la que quienes menos tienen se enfrenten entre sí mientras quienes más acumulan siguen haciendo sus negocios tranquilamente.
Pero no todo el mundo va a tragar. No todo el mundo va a callarse. Y no todo el mundo va a confundir vuestros gritos con la verdad.
Ojalá la ciudadanía os pase la factura política que merecéis. Porque, sinceramente, las consecuencias que merece vuestra manera de hacer política no se las desearía ni a mi peor enemigo. Lo que sí os deseo es que algún día tengáis que responder por cada mentira, cada manipulación y cada derecho que hayáis contribuido a destruir. Y que sea la ciudadanía, con libertad y con votos, quien os ponga en vuestro sitio.





