El Consejo de Seguridad vota hoy una resolución que elimina la palabra «referéndum» de la misión de la ONU y blinda la autonomía marroquí como única base de negociación. En los campamentos de refugiados, la movilización masiva advierte de que, si se cierra la vía del referéndum, la única salida que queda es la guerra total.
Naciones Unidas vive este viernes una de esas jornadas que se recordarán como punto de inflexión en un conflicto que lleva medio siglo sin resolverse. El Consejo de Seguridad vota la renovación del mandato de la Minurso, la misión desplegada en el Sáhara Occidental desde 1991, pero el texto que se someterá a votación ya no es el mismo de hace un año, ni siquiera el que circulaba hace una semana. La propuesta estadounidense, que ha sufrido múltiples revisiones para sortear el veto de Rusia y China, consagra la autonomía bajo soberanía marroquí como el marco ineludible de cualquier negociación y, en un gesto cargado de simbolismo, elimina la referencia al referéndum del propio nombre de la misión.
La Minurso dejará de llamarse así para pasar a ser, a partir del 1 de noviembre si se aprueba el texto, la Minuso: Misión de las Naciones Unidas en el Sáhara Occidental. La «R» de referéndum desaparece. Para Rabat, es una victoria diplomática de calado; para el Frente Polisario, es la constatación de que la comunidad internacional ha decidido enterrar el derecho a decidir que la ONU prometió al pueblo saharaui hace décadas.
Mientras en Nueva York se ultiman los votos —se necesitan nueve favorables y ningún veto de los cinco permanentes—, en los campamentos de refugiados de Tinduf, en el desierto argelino, la jornada ha sido todo menos silenciosa. Miles de saharauis han protagonizado una movilización histórica, la culminación de una semana de protestas que comenzó en El Aaiún y ha recorrido las distintas wilayas del exilio. Bajo el lema «Moriremos unidos, pero no viviremos divididos», los manifestantes han dejado claro que no aceptan la autonomía como sustituto de la independencia y que el referéndum no es negociable.
La resolución, en su versión más reciente, introduce matices que tratan de equilibrar la balanza. Se recupera la mención al principio de autodeterminación en el párrafo operativo, aunque sin restaurar el referéndum como mecanismo. La autonomía marroquí deja de ser «la única solución viable» para convertirse en «la más viable», y se pide al enviado personal del Secretario General que consulte a sectores saharauis hasta ahora excluidos, incluidos los de los campamentos y la diáspora. También se solicita un censo de los refugiados de Tinduf en un plazo de seis meses, un punto que el Polisario interpreta como un intento de erosionar su representatividad.
Pero estos ajustes, fruto de la presión diplomática, no han calmado los ánimos en el terreno. La dirección del Frente Polisario ha advertido en repetidas ocasiones que si el texto final consagra la autonomía como única base y elimina el horizonte del referéndum, considerará roto el proceso de paz. La amenaza de una vuelta a la guerra abierta, que durante años ha sido un fantasma lejano, planea ahora sobre la votación con una gravedad que no se veía desde el alto el fuego de 1991.
La comunidad internacional asiste a un dilema que lleva décadas sin resolver: cómo descolonizar un territorio sin imponer una solución que una de las partes rechaza de forma visceral. Marruecos considera el Sáhara parte integral de su territorio y ofrece una autonomía amplia como gesto máximo. El Polisario y Argelia exigen un referéndum con opción de independencia. La ONU, atrapada entre ambos, ha ido desplazando lentamente su lenguaje hacia posiciones de facto favorables a Rabat, mientras Moscú y Pekín observan con cautela y evitan un choque frontal que podría desestabilizar el equilibrio del Consejo.
Si la resolución sale adelante esta tarde, el pueblo saharaui despertará mañana con una certeza amarga: la vía que durante generaciones ha justificado su resistencia y su exilio ya no figura en el mandato de la misión que debía hacerla posible. En Tinduf lo han dicho sin ambages durante toda la semana. Si la puerta del referéndum se cierra hoy en Nueva York, la única puerta que les quedará será la de la guerra.





