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El periodista saharaui que Marruecos no logra silenciar

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Front Line Defenders perfila la labor de Hassan Zerouali, defensor de derechos humanos en Dajla ocupada, mientras CODESA denuncia detenciones y la impunidad de la potencia ocupante

Mientras la comunidad internacional conmemora a figuras como Mandela o Gandhi, a menudo olvida que su lucha tuvo lugar en un contexto de represión que el mundo tardó demasiado en condenar. Hoy, en el Sáhara Occidental ocupado por Marruecos, defensores como Hassan Zerouali enfrentan una realidad similar: la de documentar violaciones de derechos humanos bajo vigilancia constante, detenciones arbitrarias y represalias que alcanzan a sus familias. La organización internacional Front Line Defenders ha publicado recientemente un perfil sobre su labor, poniendo el foco en un activista que, a sus escasos años, ya acumula un historial de hostigamiento sistemático por parte de las autoridades marroquíes.

Zerouali, nacido en 2002 en Dajla, es miembro del Colectivo de Defensores Saharauis de Derechos Humanos en el Sáhara Occidental (CODESA) y asesor de su sección local en esa ciudad costera. Su trabajo como periodista se centra en documentar y difundir las violaciones que ocurren en el territorio, así como en fomentar la participación de los jóvenes en iniciativas pacíficas a favor del derecho a la autodeterminación. Sin embargo, esa labor tiene un precio. Según Front Line Defenders, Zerouali ha sufrido repetidas detenciones, agresiones físicas y verbales, detención arbitraria y vigilancia, además de represalias que han afectado sus medios de vida y a miembros de su familia.

Los episodios documentados por CODESA y organizaciones como el Observatorio para la Protección de los Defensores de Derechos Humanos dibujan un patrón de acoso continuado. El 15 de enero de 2025, Zerouali y otro activista, Saleh Dlimi, fueron interceptados por patrullas policiales mientras caminaban por Dajla; fueron introducidos en un vehículo policial, sufrieron violencia física e insultos racistas, y permanecieron retenidos durante horas en una comisaría, donde sus teléfonos fueron confiscados y examinados sin justificación legal. Días después, el 19 de enero, la policía marroquí rodeó y asaltó el domicilio de Zerouali mientras este mantenía una reunión con miembros de este medio, SoyMadird.org, junto al periodista de Público José Carmona y activistas de derechos humanos de CEAS Sahara, vivimos en primera persona la represión de la dictadura marroquí junto a Hassan Zerouali. Fuimos detenidos y posteriormente deportados del Sáhara Occidental por las autoridades de ocupación, tanto Hassan como su padre fueron agredidos violentamente. En agosto de ese mismo año, fue detenido en un control de carretera cuando viajaba de Laayoune a Dajla, sometido a interrogatorio y a «intentos de chantaje» antes de ser liberado sin cargos.

Estos incidentes no son aislados. Se enmarcan en un contexto más amplio de represión contra activistas saharauis que Naciones Unidas y organizaciones como ISHR han denunciado reiteradamente. El Comité contra la Tortura de la ONU ha identificado un «patrón consistente» de detenciones arbitrarias, confinamiento solitario y uso de confesiones obtenidas bajo coacción en casos vinculados a protestas saharauis, señalando un problema estructural en la forma en que Marruecos gestiona la disidencia en el territorio. Human Rights Watch, por su parte, ha documentado cómo las autoridades marroquíes obstruyen sistemáticamente el trabajo de los grupos que abogan por la autodeterminación, aplicando leyes vagas sobre «integridad territorial» para encarcelar a activistas.

La paradoja que señalan los defensores es amarga. Dajla, la ciudad donde Zerouali desarrolla su labor, es presentada por Marruecos como un destino turístico de playas apacibles, un escaparate que oculta la realidad de una población saharaui que enfrenta discriminación laboral, censura educativa y una vigilancia omnipresente. Para Zerouali, la represión no solo se manifiesta en las palizas o las horas en comisaría, sino en la imposibilidad de encontrar trabajo por su pensamiento político y en el adoctrinamiento que, desde la escuela, niega la identidad saharaui.

La publicación del perfil por parte de Front Line Defenders no es un gesto simbólico. Es un recordatorio de que, mientras el mundo mira hacia otro lado, hay personas que arriesgan su integridad física y su sustento para documentar lo que ocurre en un territorio cuya situación jurídica sigue pendiente de una solución conforme al derecho internacional. La historia juzgó con dureza a quienes ignoraron a Mandela o a Gandhi en su momento. Hoy, la pregunta es si la sociedad occidental hará lo mismo con quienes, como Hassan Zerouali, siguen escribiendo la crónica de una ocupación que se niega a reconocer sus derechos.

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