Hay algo profundamente decepcionante en ver a una parte de la izquierda española repetir, con una fidelidad casi milimétrica, los errores que ya nos condenaron a una década de recortes, precariedad y gobiernos del PP. Primero fue el 15M. Aquella marea social, legítima, diversa y cargada de razón, no encontró traducción política porque quienes se decían sus intérpretes no supieron leer la sociedad. En lugar de escuchar, se miraron el ombligo. En lugar de construir mayorías, se fragmentaron. Y el resultado ya lo conocemos: años de retroceso neoliberal, de derechos laminados, de servicios públicos desmantelados mientras una minoría privilegiada celebraba el festín.
Ahora, cuando la rabia social vuelve a desbordarse por la falta de acceso a la vivienda, cuando las listas de espera sanitarias son una condena para miles de personas, cuando la educación pública se desangra y cuando el descontento popular busca desesperadamente un cauce, los líderes de la izquierda a la izquierda del PSOE vuelven a hacer lo único que parecen saber hacer: pelearse por ver quién ocupa un asiento en las listas. No hay propuestas ambiciosas. No hay certezas. No hay un proyecto de país que canalice el enfado y lo transforme en esperanza. Solo hay ruido, egos y cálculos electoralistas de corto vuelo.
La gente no necesita que le expliquen otra vez por qué la culpa es del adversario. La gente necesita soluciones. Necesita que alguien diga con claridad cómo se va a garantizar una vivienda asequible, cómo se va a revertir el deterioro de la sanidad pública, cómo se van a recuperar los servicios públicos como columna vertebral de la cohesión social. Y necesita, sobre todo, que quienes se llenan la boca de izquierdas dejen de comportarse como una jaula de grillos y empiecen a construir una alternativa seria, creíble y unida.
Porque mientras ellos discuten por un puesto en una lista, el PP sigue avanzando sin pudor, con la lección aprendida: le basta con que la izquierda se despedace sola. Y lo peor no es que no aprendan. Lo peor es que, una vez más, nos harán pagar a todos el precio de su ceguera. La historia no se repite por casualidad, sino por incapacidad de quienes debieron cambiarla.





