Por JGNavarro.
Hubo un tiempo en el que los ingenieros que diseñaban los objetos cotidianos entendían cómo funcionaba la anatomía humana. Sabían que las personas tenemos cinco sentidos y que el tacto es fundamental para interactuar con el mundo sin necesidad de mirarlo. Si querías subir el volumen del radiocasete stereo HIFI, girabas una ruleta; si querías encender el limpiaparabrisas del coche, empujabas una palanca; y si querías programar el microondas, le pegabas un puñetazo a un botón mecánico que respondía con un maravilloso y satisfactorio «clic». Sabías que la acción se había realizado con éxito simplemente por la resistencia física del material.
Luego, llegaron las pantallas capacitivas, el minimalismo estético mal entendido y la tacañería industrial disfrazada de modernidad. Y nos lo vendieron como el futuro.
Hoy en día, entrar al habitáculo de un coche moderno ya no es subirse a una máquina de precisión; es entrar al escaparate de una tienda de televisores. Las marcas han decidido extirpar de raíz cualquier botón analógico para sustituirlo por una pantalla gigantesca de cristal lisa, fría y permanentemente llena de huellas dactilares de grasa. Para los fabricantes es el negocio redondo: es muchísimo más barato programar una interfaz digital en una pantalla plana, que diseñar, cablear e inyectar plástico para quince botones físicos diferentes. El problema es que, en el proceso, nos han destrozado la ergonomía y la seguridad vial.
Es una auténtica demencia que para realizar una acción tan básica y vital como subir la calefacción o desempañar el parabrisas mientras conduces a 120 km/h bajo un diluvio universal, ya no puedas hacerlo de memoria alargando la mano. No. Ahora estás obligado a desviar la mirada de la carretera durante tres segundos mortales para apuntar con el dedo a un icono diminuto en un menú flotante, rezando para que el coche no pille un bache en ese instante y acabes pulsando el botón de abrir el maletero o el navegador satélite. Hemos cambiado la memoria muscular por la ruleta rusa dactilar.
Y lo peor es que esta patología del cristal se ha extendido a toda la casa. Hay lavadoras modernas en las que seleccionar el programa de centrifugado requiere la precisión cirujana de un hacker desactivando una bomba. Hay frigoríficos con pantallas para mirar el tiempo meteorológico y microondas táctiles que no reaccionan si tienes los dedos mínimamente húmedos o fríos. Nos hemos rendido ante una tecnología que nos obliga a mirar fijamente a un aparato para hacer las cosas más mundanas, convirtiendo acciones que antes tardábamos medio segundo en hacer a ciegas en una odisea de submenús, retrasos de software y frustración cotidiana. Exigimos que nos devuelvan el relieve, el muelle y el derecho a pulsar las cosas de verdad.
Test de diagnóstico: ¿Eres un defensor del botón o un esclavo de la pantalla grasienta?
Responde con total franqueza y descubre si aún conservas el sentido común táctil o si te han lavado el cerebro con el minimalismo digital.
1. Te subes al coche moderno de un amigo y ves que el salpicadero no tiene ni un solo botón físico, solo una pantalla gigante de 15 pulgadas en el centro. Tu primera reacción es:
• A. Sentir terror inmediato por mi vida y buscar dónde está el asidero del techo por si nos salimos en la primera curva mientras busca la radio. (0 puntos)
• B. Pensar que estéticamente queda muy limpio, aunque admito que va a ser un engorro limpiar el polvo de ahí. (2 puntos)
• C. Quedarme maravillado. Exclamar «¡parece una nave espacial!» y pasarme los primeros diez minutos toqueteando los menús con los ojos brillando. (5 puntos)
2. Estás cocinando, tienes las manos un poco manchadas de harina o grasa y necesitas encender la campana extractora o subir la potencia de la vitrocerámica táctil, pero la placa empieza a pitar porque detecta humedad. Tú:
• A. Me cago en los muertos del diseñador industrial, me limpio las manos con rabia en el trapo y juro que mi próxima cocina será con ruletas de gas de las de toda la vida. (0 puntos)
• B. Intento pulsar usando el nudillo seco o el codo para ver si el sensor me hace caso por lástima. (2 puntos)
• C. Asumo que es mi culpa por no tener las manos impolutas y busco una toallita especial para limpiar primero la superficie digital. (5 puntos)
3. Hablemos de los teclados de los teléfonos móviles. ¿Qué recuerdas con más cariño de la época de los SMS de los años 2000?
• A. La increíble habilidad de poder escribir un mensaje entero debajo de la mesa de clase o dentro del bolsillo de la chaqueta sin mirar la pantalla gracias al relieve de las teclas. (0 puntos)
• B. Que los teléfonos eran más duros, aunque la verdad es que ahora escribo más rápido con el autocorrector. (2 puntos)
• C. Nada. Escribir en un teclado físico de plástico me parece una tortura medieval comparado con deslizar el dedo por el suave cristal. (5 puntos)
4. Vas a comprar un electrodoméstico nuevo (por ejemplo, una freidora de aire o una cafetera) y en la tienda ves dos modelos idénticos de precio: uno tiene ruletas mecánicas que hacen «clac-clac» y el otro tiene un panel táctil LED brillante. ¿Cuál eliges?
• A. El de las ruletas sin dudarlo un segundo. Sé que durará quince años y que lo puedo usar dormido por las mañanas. (0 puntos)
• B. Lo consulto con la almohada, aunque probablemente me lleve el táctil si tiene mejores valoraciones en internet. (2 puntos)
• C. El táctil LED de cabeza. El de ruletas me parece que es para gente mayor y que va a quedar horrible en el diseño de mi futurista cocina. (5 puntos)
5. Si miramos de cerca la pantalla central de tu coche, de tu tableta o del sistema de domótica de tu casa bajo la luz directa del sol, el panorama visual es:
• A. Inexistente porque apenas tengo pantallas, o está impecable porque la limpio constantemente tras usarla. (0 puntos)
• B. Se ven algunas marcas de dedos lógicas del uso diario, pero nada del otro mundo. (2 puntos)
• C. Un mapa forense de huellas dactilares grasientas que parece el escenario de un crimen de CSI. Hay rastros de grasa cruzados que hacen imposible ver la pantalla si le da el sol de refilón. (5 puntos)
Resultados: ¿Cuál es tu nivel de sumisión táctil?
• De 0 a 7 puntos – El Guerrillero Analógico: Eres el último bastión de la cordura humana. No te dejas engañar por las luces de colores ni por el postureo estético del cristal. Valoras tu seguridad al volante, tu comodidad en la cocina y tu tiempo. Sigues buscando el relieve en las cosas y celebras cada vez que una marca da marcha atrás y vuelve a poner botones físicos. ¡Un aplauso para ti y tus dedos con memoria!
• De 8 a 17 puntos – El Ciudadano Resignado: Has aceptado que el mundo ha cambiado y que las pantallas han ganado la guerra, pero mantienes un saludable escepticismo. Te da rabia tener que entrar en tres submenús para apagar el aire acondicionado, pero te aguantas porque «es lo que hay ahora». Eres el reflejo de la sociedad actual: una mezcla de comodidad tecnológica y nostalgia por las cosas que simplemente funcionaban bien.
• De 18 a 25 puntos – El Esclavo del Cristal Grasiento: Enhorabuena, eres el cliente favorito de las marcas que quieren ahorrar costes de fabricación. Te han vendido que una superficie lisa y grasienta es «el futuro premium» y te lo has tragado con patatas. Estás dispuesto a jugarte la vida en la carretera o a pelearte con la vitrocerámica cada comida con tal de que tu casa parezca una película de ciencia ficción barata. Ve comprando un paquete de toallitas de microfibra, porque vas a pasar la mitad de tu vida limpiando cristaleras. ¡Ánimo con los submenús!





