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lunes , 27 mayo 2024
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El juego mata los barrios

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Por Roberto Sotomayor

Vivo en un barrio de Madrid castigado por la desigualdad y el deterioro provocado por años de olvido de los dirigentes del Partido Popular. En el distrito de Carabanchel hay una una carencia de servicios públicos y una dejadez por parte de las instituciones que ha mermado considerablemente la imagen de sus diferentes barrios. La subida desconsidera y obscena de los precios del alquiler de la vivienda tampoco es ajena aquí. Los centros de salud están desbordados, y el transporte público es un desastre. Si hablamos de cultura y deporte el panorama es desolador. Una de las mejores radiografías que reflejan esta dejadez en muchos barrios de Madrid es la proliferación de los locales de apuestas.

En la Plaza Oporto en Carabanchel se concentran cientos de personas a diario. Especialmente los fines de semana. Multitud de personas aprovechan para sentarse en alguna de sus terrazas para tomar algo, los crios juegan a la pelota y muchas familias, especialmente de origen lationoaméricano, se reúnen allí cada tarde. Si uno presta atención también hay muchos chavales de entre 16 y 25 años que aprovechan para entrar en los más de 5 locales de juego que hay en tan solo 150 metros de distancia. El panorama es desolador. La Calle de la Oca es un oasis para el sector. Esto lo ha permitido la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento durante los últimos 15 años. No hay más.

En 2023, el 5% de los pacientes atendido por Proyecto Hombre presentan adicción al juego, una lacra que está destrozando miles de familias y que se está llevando por delante miles de jóvenes cada año. De ese 5%, según los datos que ha ofrecido esta organización, el 53% jugaba a las apuestas deportivas online, un 42% a las apuestas presenciales, un 42% a la ruleta presencial, un 37% a las denominadas “tragaperras” y un 11% al bingo. Según el Plan Nacional sobre Drogas en España el 21,5% de lo jóvenes entre los 14 y los 18 años ha jugado con dinero online o presencial en el último año. En el caso de los adultos, en concreto, el 57,4% con dinero presencial. Es demoledor. Como demoledor es la edad media de inicio en el juego en nuestro país que se estima en torno a los 15 años.

La Ley del Juego de la Comunidad de Madrid es un alfombra roja para la industria. El Partido Popular ha querido limpiar su imagen poniendo en marcha programas de prevención que, si bien muy interesantes, de nada sirven si mantienes un “eurovegas” en cada barrio de Madrid. En cada barrio periférico, eso sí. Resulta llamativo y responde a una clara estrategia por parte del sector que sus locales operen preferiblemente en los barrios tradicionalmente de trabajadores.

Pero no solo son importantes estos programas de prevención. hace falta mucho, muchísimo más. Entre otras cosas elaborar una nueva Ley del Juego que ponga coto de verdad a estos negocios, empezando por el aumento de distancias (500 metros por indicaciones de la UE) entre los locales y los centros frecuentados por menores.

Un control riguroso de acceso a la entrada de locales de juego con un verdadero registro de visitantes y la monitorización de todas sus máquinas. La prohibición de instalar máquinas de apuestas en hostelería y la eliminación de las máquinas tipo “A” dirigidas a menores de edad, con características y elementos de máquinas de juego como ruleta o tragaperras. Un ambicioso plan de recursos de ayuda y tratamiento a través de la sanidad pública, con una mejora en la coordinación entre las administraciones públicas y una dotación económica suficiente y necesaria para el desarrollo de actividades preventivas multidisciplinares de ayuda y tratamiento por trastorno del juego desde la red sociosanitaria. Por no hablar de un atractivo plan deportivo-cultural que traiga a los jóvenes y los saque de estos negocios destructores de sueños.

Dicen que en Madrid queda mucho por hacer ,pero en realidad no se ha hecho nada salvo beneficiar una y otra vez a la implacable industria del juego. La desigualdad es el modelo del PP. La precariedad, y la falta de alternativas para tener vidas dignas y completas es la seña de identidad de la derecha madrileña. Los locales de apuestas son tan solo la punta del iceberg de un problema social que arranca con el desprecio hacia algunos barrios de la ciudad. Es un problema de salud pública que necesita de políticas valientes. Porque el juego no solo está matando nuestros barrios. Está destrozando a toda una generación.

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