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Palco infantil

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Por B. Rojas
La creación de un palco infantil en la Feria de San Juan de Badajoz para «acercar la tauromaquia» a niños y niñas de entre 5 y 12 años supone un paso atrás mas. La infancia necesita espacios donde se fomente una cultura del cuidado, la empatía y el respeto, no espacios que normalicen el sufrimiento y la violencia hacia otros seres vivos.

El Comité de los Derechos del Niño de la ONU ha recomendado a España proteger a la infancia de la violencia asociada a la tauromaquia y evitar la participación y exposición de menores a este tipo de espectáculos. Educar no consiste solo en transmitir conocimientos, sino en construir una mirada ética sobre el mundo. Una mirada que entienda que todas las formas de dominación y violencia están conectadas.

El desprecio hacia los animales, la explotación de la naturaleza, la discriminación por razón de sexo, el rechazo a quien es diferente o el abandono de las personas más vulnerables nacen de una misma lógica: la de considerar que unas vidas importan menos que otras. Frente a ello, necesitamos una educación basada en el cuidado. Cuidado de las personas, de los animales, de los ecosistemas y de los vínculos que hacen posible una sociedad más justa.

Una educación que enseñe que la fuerza no da la razón, que la tradición no justifica el daño y que la empatía no es una debilidad, sino una herramienta de transformación social. Porque el respeto no se divide en compartimentos estancos. No se puede enseñar a respetar a las mujeres mientras se celebra la violencia sobre los animales. No se puede hablar de igualdad mientras se normaliza el sufrimiento del más vulnerable. No se puede defender un futuro sostenible sin cultivar el respeto hacia la naturaleza y hacia todos los seres que la habitan.

Hay que educar en la compasión, en la justicia y en la coherencia. En comprender que vivimos en una red de interdependencias donde nuestro bienestar está ligado al de los demás, humanos y no humanos. Una sociedad más amable con los animales es también una sociedad más amable con las personas. Y esa es la herencia que deberíamos dejar a la infancia. No existe una ética animal y una ética humana es, simplemente, ética.

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