Por B. Rojas.
A todos esos que, con una ignorancia tan grande como su soberbia, repetís que los animalistas solo sabemos prohibir y preguntáis con tono burlón dónde estamos cuando ocurre una catástrofe: dejad de mentir. Los animalistas ya quisiéramos que entendierais algo tan básico como el respeto, la ética y la compasión. Que comprendierais que los animales son seres sintientes, capaces de sufrir, sentir miedo, estrés y dolor. Por eso luchamos. Y sí, cuando es necesario, defendemos leyes que impidan que sean torturados para satisfacer la diversión de quienes disfrutan viendo sufrir a otro ser vivo. Porque esa es la realidad que intentáis disfrazar: no habláis de cultura, ni de tradición, ni de libertad.
Habláis de sufrimiento convertido en espectáculo. Y cuando llegan incendios, inundaciones, terremotos o cualquier otra tragedia, ahí estamos también. Recaudando fondos, organizando ayuda, acogiendo animales, colaborando en rescates y apoyando a quien lo necesita. La diferencia es que nosotros no utilizamos el dolor ajeno como arma arrojadiza para atacar a quienes piensan distinto.
La empatía no tiene compartimentos. Quien es capaz de conmoverse por el sufrimiento de un animal también suele hacerlo por el de una persona. Lo contrario, sin embargo, no siempre ocurre. Os creéis más listos, más sensatos y más realistas. Pero demasiadas veces lo único que demostráis es desinformación, prejuicios y una alarmante indiferencia hacia el sufrimiento ajeno. Os molesta que se cuestionen ciertas prácticas porque obliga a mirar de frente una realidad incómoda: que hay quien disfruta, justifica o minimiza el dolor de seres indefensos. Podéis seguir ridiculizando, insultando y caricaturizando al animalismo. Lo que no podéis hacer es borrar una verdad cada vez más evidente: defender a quien no tiene voz es un acto de humanidad. Justificar su sufrimiento por entretenimiento, no.





