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La cobardía del PSOE: abstenerse es traicionar la coherencia

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Por B. Rojas

Con absoluto desprecio hacia la cobardía de abstenerse.

El Congreso ha rechazado siquiera debatir la derogación de la protección cultural a la tauromaquia, una iniciativa respaldada por 664.777 firmas ciudadanas, que exigían poner fin al absurdo privilegio que mantiene a los toros bajo el paraguas de “patrimonio cultural”. Y sin embargo, el PSOE —que se autodefine como progresista y sensible al sufrimiento animal— se ha abstenido. Una abstención decisiva. Una abstención cobarde. Porque los números son claros: 57 votos a favor y 169 en contra, y la abstención socialista inclinando la balanza para impedir siquiera el debate. No se trataba de abolir la tauromaquia, sino de revisar su blindaje cultural, un paso de coherencia elemental en una sociedad donde la sensibilidad hacia los animales ya no es minoritaria, sino clamor popular.

La portavoz socialista dijo en el Congreso que “la cultura ni se impone ni se deroga por decreto”. Pero esa frase vacía no disfraza lo esencial: que el PSOE ha preferido esconderse, repetir la misma abstención de hace doce años, y dejar que los sectores más reaccionarios sigan imponiendo su visión de un país que ya no existe.

Los datos son demoledores. Solo el 8 % de la población asistió a espectáculos taurinos el último año. Y, según las propias encuestas oficiales, un 68,4 % de los ciudadanos otorgan a la tauromaquia un valor bajísimo, entre 0 y 2 en una escala de 10. ¿Cómo puede entonces seguir considerándose “patrimonio cultural”? ¿A quién representa esa protección? Desde luego, no a la mayoría. La abstención del PSOE no es un gesto de equilibrio: es un acto de cobardía política que beneficia solo a una minoría muy concreta, a los mismos intereses enquistados que viven de la subvención y del favor institucional. Ni son mayoría, ni son progreso, ni —por cierto— son sus votantes. La coherencia era votar sí, al menos para abrir el debate. Lo que se ha hecho es cerrar la puerta, dar la espalda a la ciudadanía y reafirmar que los intereses del lobby taurino pesan más que la voluntad popular. Allá ellos y su maldita conciencia.

Que carguen con la vergüenza de haber callado cuando debían hablar, de haberse escondido detrás de una abstención para no incomodar a los poderosos. Mientras tanto, miles de ciudadanos seguiremos exigiendo que la empatía, la razón y la ética sustituyan, de una vez, a la cobardía y la hipocresía institucional.

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