Por Roberto Sotomayor
Aún recuerdo aquel abrazo que Jesús me dio en el acto de cierre de campaña de las últimas elecciones municipales. Hay abrazos sentidos, intensos. Mientras me atrapó con sus brazos me susurró aquello de “qué orgulloso estoy de ti”. Nunca lo olvidaré. El tipo que más he admirado me decía esto. Qué cosas.
La primera vez que ví a Jesús Santos en directo fue en el cierre de las elecciones autonómicas de 2021. Llegué tarde de trabajar y no pude entrar, pero pude encaramarme hasta una farola desde una valla para ver el último acto electoral de Podemos, aunque debo decir que quien me impresionó fue aquel trabajador de la recogida de basuras de Alcorcón, que hablaba de lucha sindical, de servicios públicos, de remunicipalización, de clase obrera, de municipalismo. Me di cuenta en aquel instante de que estaba delante de todo un líder vecinal y sindical. Su influencia en mi defensa por los proyectos municipalistas ha sido determinante.
En estos últimos 3 años todo lo que he aprendido sobre cómo anteponer los intereses colectivos por encima de las siglas ha sido gracias a él. Jesús siempre antepuso Alcorcón y sus vecinos a las siglas políticas, algo que me costó entender al principio, pero que con el transcurso del tiempo supe comprender. Ganar Alcorcón fue la única que aguantó el tsunami reaccionario en las últimas elecciones, motivo por que el Jesús mantuvo el gobierno en la ciudad cuatro años más. La gestión y la mejora de las condiciones de vida de sus vecinos por encima de los intereses partidistas y personales. Siempre defendió esta hipótesis que finalmente se ha demostrado ganadora. Con él comprendí que la unidad nos hace más fuertes y mejores. En todas mis conversaciones con él fui absorbiendo poquito a poco su forma de entender la política. “Mejorar la vida de la gente Rober, solo se trata de eso”, no se cansó nunca de repetírmelo una y otra vez.
Jesús era una persona excepcional. Hasta en el día de su sepelio ha sido capaz de congregar a centenares de personas de diferentes sensibilidades políticas. Hasta en esto has sido un auténtico fenómeno, tio. Su defensa a ultranza de su joya de la corona en la ciudad, la empresa pública ESMASA, de sus gentes, y su firme convicción por los proyectos colectivos de transformación han sido su seña de identidad, su gran legado, y su estampa de una forma de hacer política atípica en estos tiempos, pero efectiva, cercana y especial.
Jesús era un luchador incansable, un ganador nato, me di cuenta aquella calurosa tarde de Vicálvaro cuando le vi por vez primera. Fue allí cuando supe que nosotros, los que nunca tuvimos nada, los sin voz, los que siempre hemos partido con desventaja, los de abajo, podíamos llegar a cambiarlo todo. Fuiste tú Jesús, en realidad fuiste tú quien me empujó a dar aquel paso y con el tiempo lo he descubierto. Aquel discurso fue el que me enganchó. Siempre tenías la frase perfecta cuando tenía dudas. Eras capaz de tener esa palabra precisa en los momentos más importantes. Capaz de hacer equipo y de enseñar el verdadero sentido de la palabra lealtad. Siempre te fui y siempre te seré leal. Porque eres uno de los nuestros. Gracias por tanto querido amigo.
Jabato en la política y valeroso en lo personal. Has sido un honorable luchador, enfrentándote a cara descubierta contra una enfermedad que desde un principio te enseñó sus cartas ganadoras. Hasta en esto has sido un digno gladiador. Orgullo de compañero. Dignidad hasta el final. Respeto hasta el infinito. Hace 2 semanas volví a verte y allí estabas, dispuesto a seguir adelante. Qué guerrero has sido siempre amigo, qué orgulloso me siento yo ahora de haber compartido contigo camino y batallas.
Los progresistas de izquierdas te vamos a recordar Jesús. Y te prometemos que cuidaremos este legado municipalista que nos dejas. Descansa ahora, que te lo has ganado, aunque nos hubiera gustado que te hubieras quedado bastante más tiempo entre nosotros, no te voy a engañar, porque por aquí has dejado una huella imborrable, eso sí. Y además sé que tenías muchas más cosas que enseñarnos. Continuaremos lo que tú empezaste. Nos has dejado un vacío enorme, pero a la vez nos has enseñado qué camino recorrer juntos en Madrid.
Antes de ayer fui a despedirme de ti por última vez, y vi que una de las coronas de flores que te habían dejado, había una leyenda que decía “Uno di noi”. Te mandé un beso y te hice una promesa que cumpliré siempre: te prometo Jesús, que mientras quede uno de nosotros, nosotros seguiremos. Cuenta con ello.
Buen viaje compañero, amigo. Te quiero.





