Por B. Rojas
Almeida está preocupado porque los acampados de Sol tienen piedras y cuchillos. Claro. El gran arsenal de Madrid: una piedra para que no vuele la tienda y un cuchillo para cortar la tortilla. ¿Pretenden que coman con los dedos para que resulten menos peligrosos? Y Ayuso dice que perjudican a los comercios. Hombre… periodistas, voluntarios, curiosos y gente que va a apoyar llevan días comprando en esos comercios. Igual alguno está haciendo caja precisamente gracias a la acampada. Pero hay algo todavía más vergonzoso.
La gente que está ahí acampada es gente pacífica, y lo demuestra cada día. No ha habido ni una sola ocasión en la que, a pesar de que hayan ido a provocarles, no hayan demostrado ser personas pacíficas y respetuosas con quienes les rodean. Hemos oído amenazas públicas contra los acampados. Se han visto en redes y se han difundido públicamente. Personas hablando de ir allí a atacarles. Y, sin embargo, sobre eso no escuchamos la misma preocupación institucional. Ni una palabra. Los peligrosos son los que tienen un cuchillo para comer y una piedra para sujetar una tienda. Los que están allí manteniendo una actitud pacífica preocupan.
Los que amenazan con ir a atacarles, aparentemente, bastante menos. Incluso se han llegado a difundir barbaridades como pedir que les echen gas pimienta y que «mueran todos». Eso sí debería provocar una reacción inmediata y contundente. No silencio. Porque aquí parece que se ha invertido la realidad: se vigila al que protesta pacíficamente y se relativiza al que amenaza. Y una cosa más, señor Almeida y señora Ayuso: La inmensa mayoría de esas personas son madrileñas. Así que no tienen que decidir si les gustan o no. Y, desde luego, no deberían contribuir a señalarles, deslegitimarles o crispar todavía más una situación ya tensa. Pueden no estar de acuerdo con la protesta.
Pueden criticarla políticamente. Pero tienen que ser mucho más comedidos y recordar cuál es su responsabilidad: no gobiernan solo para quienes les votan. Gobiernan para toda la ciudadanía. Tienen la obligación de velar por todas las personas. También por las que protestan contra ustedes. Sol no es propiedad de Almeida. Madrid de Ayuso, tampoco. Y una piedra para que no se vuele una tienda no convierte a nadie en un delincuente. Una amenaza de violencia sí merece que alguien se preocupe. Pero de eso, no hablan ellos.





