La DesoVediente
Como encargada de un centro, he podido observar situaciones que, en mi opinión, merecen una reflexión profunda. La calidad de un servicio no depende únicamente de los recursos materiales, sino del respeto a los derechos laborales y de la capacidad de quienes ocupan puestos de responsabilidad.
Resulta especialmente preocupante que puedan producirse situaciones en las que no se respete el salario mínimo establecido por la normativa laboral. El cumplimiento de las condiciones salariales no debería ser una opción, sino una obligación que garantice la dignidad y los derechos de todos los trabajadores.
A ello se suma la falta de liderazgo y de preparación que, en algunos casos, he percibido en determinados responsables directivos. Cuando las decisiones se toman sin planificación, sin diálogo con los equipos y sin asumir responsabilidades, el ambiente laboral se deteriora y la calidad del servicio acaba viéndose afectada.
Las empresas solo pueden aspirar a la excelencia cuando cumplen la legislación laboral, escuchan a sus trabajadores y promueven un liderazgo basado en la profesionalidad, el respeto y la rendición de cuentas. Ignorar estos principios perjudica tanto a la plantilla como a la propia organización.





