Por B. Rojas
Cuando el monte ardía y los animales huían, animalistas, ecologistas y voluntarios salieron a ayudar. Sin subvenciones, sin contratos y poniendo de su bolsillo combustible, comida y material. Recogieron animales heridos, buscaron supervivientes, llevaron agua y alimento y siguieron trabajando cuando las cámaras ya se habían marchado. Lo hicieron por algo tan sencillo como salvar vidas. Pero cuando llega el momento de hablar de ayudas, gestión del territorio y recuperación, parece que quienes estuvieron allí dejan de existir.
La polémica por las limitaciones a la caza en las zonas calcinadas vuelve a poner sobre la mesa qué intereses pesan realmente a la hora de tomar decisiones. Ecologistas en Acción denuncia que las medidas llegan tarde y son insuficientes para proteger a la fauna que sobrevive al incendio. Y esa es la pregunta que deberíamos hacernos: ¿quién estuvo cuando tocaba trabajar y quién aparece cuando llega el dinero?. Y no confundamos crear cebaderos con ir a ayudar. No se trata de enfrentar a cazadores, ecologistas o animalistas. O si. Pero ahora se trata de reconocer a quienes, cuando el monte se convirtió en ceniza, estuvieron allí sin esperar nada a cambio.
Salvar animales no da subvenciones ni poder. Ojala diese votos… Pero no permitan que sigan masacrandolos donde sufrieron un incendio, ni cerca, donde consiguieron huir porque ellos presionan y tienen poder. Ya lo vimos con los perros de caza, fuera de la ley. Proteger nuestro patrimonio natural implica frenar a cierto colectivo, aumentar recursos humanos para combatir y prevenir incendios y respetar y reconocer a quienes ayudan sin mas intencion.





