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Sobre el acuerdo Mercosur

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Por B. Rojas.
Intento entender por qué protestan los agricultores contra el pacto con Mercosur y lo que escucho es un refrito de siempre: -que si los animalistas y los ecologistas les arruinan la vida, -que si cada vez reciben menos dinero de la PAC, -que si les pagan miseria por sus productos. (Oido en «el parte» de las tres)

Todo esto, por supuesto, proclamado desde tractores enormes, modernos y carísimos, de esos que mi tío —con uno viejo y remendado— habría mirado como quien ve una nave espacial. Pero oye, el relato es el de la ruina. Lo curioso es que nadie explica realmente qué tiene de malo el pacto con Mercosur. No hablan de la entrada masiva de productos agrícolas producidos con estándares ambientales y laborales mucho más laxos.

No mencionan la deforestación del Amazonas, el uso de pesticidas prohibidos aquí o la competencia desleal que sí amenaza de verdad al pequeño agricultor europeo. Nada de eso. Salen a la calle porque alguien les ha dicho que salgan. Repiten consignas como loros, sin saber exactamente contra qué protestan ni a quién beneficia realmente ese ruido. Y eso es lo más triste.

Yo sí sé por qué no quiero ese acuerdo: porque destruye ecosistemas, porque premia un modelo de producción insostenible y porque convierte la agricultura en una carrera hacia el fondo, donde gana quien contamina más y paga menos derechos. Lo tengo claro. Lo que da vergüenza es ver a supuestos “currantes” defendiendo intereses que no son los suyos. Señoritos privilegiados disfrazados de agricultores arruinados, usando el tractor como atrezzo y la queja como coartada. A mí no me engañáis. El problema es que a otros sí.

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