La crisis climática se ha cobrado un precio devastador en España este verano. Según los últimos datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), el país ha registrado 3.158 fallecimientos atribuibles a las altas temperaturas desde el inicio del Plan Calor 2026, superando la barrera de las 3.000 muertes en lo que va de temporada estival.
Un mes de julio letal
El mes de julio ha sido especialmente trágico, con 2.026 decesos relacionados con el calor, lo que supone un incremento del 91% respecto al mismo periodo del año anterior. Este dato convierte a julio de 2026 en el segundo mes de julio con mayor mortalidad atribuible a la temperatura desde que existen registros en 2015, solo superado por el fatídico julio de 2022. El día más letal fue el 10 de julio, cuando se contabilizaron 143 muertes, seguido del día anterior con 134 fallecimientos.
Perfil de las víctimas
El calor extremo golpea con especial virulencia a los colectivos más vulnerables. El 61,7% de los fallecidos en julio fueron mujeres (1.208 decesos). Por grupos de edad, la gran mayoría superaba los 65 años, destacando especialmente el grupo de mayores de 85 años, que concentró 1.249 fallecimientos. Las personas de entre 75 y 84 años sumaron 489 muertes.
Distribución geográfica
Cataluña encabeza la lista de comunidades autónomas con mayor número de muertes asociadas al calor en julio, con 544 fallecimientos, seguida de Andalucía (262), Comunidad Valenciana (235), País Vasco (140), Castilla y León (130) y Galicia (129).
Junio también fue excepcional
El mes de junio ya había dejado cifras alarmantes. Fue el segundo junio más cálido desde 1961, con una temperatura media 3,2 °C por encima del promedio. La ola de calor de finales de junio causó 1.028 muertes, el peor dato para este mes desde que hay registros. El pico de mortalidad se alcanzó el 25 de junio, con más de un centenar de fallecimientos diarios.
Un problema estructural
La ministra de Sanidad, Mónica García, ha calificado la situación como una «emergencia de salud pública» y ha advertido que la adaptación al cambio climático debe ser una prioridad absoluta. El problema no es puntual: los trece junios más cálidos desde 1961 han ocurrido en el siglo XXI, y en lo que va de década se han registrado la mitad de las olas de calor de junio documentadas desde 1975.
El sistema MoMo, que genera estas estimaciones mediante modelos estadísticos de exceso de mortalidad, no certifica directamente las causas clínicas de muerte, sino que identifica patrones de sobremortalidad asociados a episodios de temperaturas extremas.





