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El gran robo está en tu nómina: 3.243 millones de euros que las grandes empresas te estafan en horas extras

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Los discursos políticos y mediáticos han centrado durante años la atención de la ciudadanía en pequeños delitos callejeros, alimentando una narrativa del «nosotros contra ellos» que desvía la mirada del verdadero expolio: el que sufren cada día millones de trabajadores a manos de grandes empresas que han convertido la explotación laboral en un modelo de negocio. Mientras la derecha y la ultraderecha incrementan su demagogia contra los migrantes y señalan a los «cuatro cacos» como el gran problema de seguridad, los datos oficiales revelan una realidad incómoda para el relato dominante.

Según un informe del Gabinete Económico de CCOO, en 2025 las empresas españolas dejaron de pagar 3.243 millones de euros en horas extras no abonadas. Esta cifra, que corresponde al ahorro empresarial por no remunerar a 441.000 trabajadores que realizaron una media de 5,6 horas semanales sin compensación alguna, es 42 veces superior al total de los hurtos cometidos en España (77 millones de euros) y 72 veces mayor que los robos con violencia (45 millones).

El fraude de las horas extras, como lo califica el propio sindicato, supone que cada trabajador afectado deje de percibir 7.355 euros anuales entre salario y cotizaciones, una cantidad que engrosa directamente los beneficios de las empresas, la mayoría grandes corporaciones. El sector educativo encabeza la lista con 440.000 horas extra impagadas cada semana, afectando a 72.000 docentes, seguido del transporte, la industria manufacturera y el comercio. No se trata de pequeños empresarios luchando por sobrevivir, sino de estructuras empresariales consolidadas que utilizan la falta de control laboral para maximizar sus márgenes de beneficio.

La complicidad política con este modelo extractivista es evidente. Mientras el PP, el PSOE y VOX se disputan el relato de la seguridad ciudadana, el decreto que modifica el registro horario para atajar el fraude de las horas extra sigue paralizado en los despachos. La patronal, que tanto debate sobre el absentismo laboral para garantizar el presentismo, obvia sistemáticamente esta práctica extendida que deriva costes no solo a los trabajadores, sino también a la Seguridad Social y al sistema tributario.

El verdadero robo no ocurre en las calles, sino en las nóminas. Las grandes empresas son las protegidas del sistema, sostenidas por un marco político que prefiere la confrontación identitaria a la lucha contra el expolio estructural. Mientras los discursos racistas y simplistas nos enfrentan entre vecinos, el gran capital sigue enriqueciéndose impunemente.

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