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El despliegue incomprensible de los Sanfermines: una fiesta de gastos, masculinidad y silencio mediático

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Cada mes de julio, Pamplona se convierte en el epicentro de una tradición que, bajo el prisma del derroche y la cobertura mediática, resulta incomprensible. Mientras el mundo observa, los recursos públicos y los medios de comunicación se vuelcan en un espectáculo que muchos cuestionan: los encierros de San Fermín.

Un despliegue desmesurado de recursos públicos

Los Sanfermines no son solo una fiesta; son una enorme operación logística y económica. La maquinaria se pone en marcha cada año con unos costes ingentes para las arcas públicas. El despliegue de servicios sanitarios es equiparable al de una zona de guerra, con equipos médicos y ambulancias estratégicamente colocados para atender a una masa de personas –mayoritariamente hombres– que voluntariamente se ponen en riesgo. A esto se suma un vasto operativo policial y de limpieza. El Gobierno de Navarra ha incrementado el gasto público de forma notable en los últimos años, y una parte significativa de esos recursos se destina a cubrir los gastos de estas fiestas, mientras se dejan de atender otras necesidades sociales.

La televisión pública y su contradicción con el servicio público

La incomprensión alcanza su punto más álgido al observar el comportamiento de los medios de comunicación públicos. Mientras el Ayuntamiento de Pamplona, en sus campañas promocionales, omite cuidadosamente cualquier imagen de los toros, escondiendo «el asedio que sufren unos animales tan imponentes como nobles», la televisión pública, TVE, realiza un despliegue técnico ingente para la retransmisión diaria de los encierros.

El programa ‘Vive San Fermín’ ofrece una cobertura en directo, con análisis y repeticiones, convirtiendo el sufrimiento animal en un producto de consumo. Esto resulta paradójico cuando el propio ente público se ha erigido en defensor del servicio público. Es incomprensible que se utilicen fondos públicos para glorificar un evento donde los protagonistas, los toros, están condenados a una muerte violenta y su tortura se considera entretenimiento.

Silencio cómplice y fiesta masculina

La cobertura mediática no solo es desproporcionada por su coste y naturaleza, sino por su sesgo. Los medios de comunicación, en lugar de ofrecer una visión plural, censuran y silencian a la creciente ola de voces críticas. Numerosas manifestaciones de peñistas y ciudadanos que protestan contra los encierros como espectáculo de maltrato animal apenas tienen cabida en la agenda informativa.

Mientras tanto, se invisibilizan otras muchas actividades culturales y festivas que también forman parte de San Fermín y que no giran en torno a la tauromaquia. La cobertura se centra casi exclusivamente en el encierro, la corrida y la fiesta nocturna, a menudo asociada al consumo de alcohol y a una cultura mayoritariamente masculina, donde la participación femenina es mínima.

En definitiva, los Sanfermines, y en especial su retransmisión, se han convertido en un fenómeno incomprensible. Una fiesta que, a pesar de los ingentes costes públicos y del creciente rechazo social hacia el maltrato animal, sigue siendo promovida y financiada por el Estado, mientras se silencia a quienes piden un cambio.

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