Casi las dos de la mañana. El teléfono de la portavoz del Partido Popular en Rivas-Vaciamadrid suena. Al otro lado, una vecina asegura haberse cruzado con un individuo disfrazado de payaso. La portavoz atiende, cuelga y publica un mensaje en redes sociales hablando de inseguridad y del “miedo real y respetable” de las chicas al volver a casa. Horas después, esa publicación sirve de base para una noticia en un medio madrileño. El relato ya está en circulación. Solo hay un problema: ni la Policía Local ni la Guardia Civil han confirmado que ese payaso exista, que persiga a nadie ni que las llamadas recibidas —escasas, según el cuerpo municipal— hayan resultado ser algo distinto de falsas alarmas.
La secuencia de los hechos merece un examen pausado. Según la versión pública de la portavoz popular, Janette Novo, una vecina la llamó de madrugada en lugar de contactar con el 112 o con la Policía Local. Novo no puso en duda el relato, lo amplificó. “Ha salido en prensa, circulan fotos por las redes y el miedo se está apoderando de mucha gente”, escribió, antes de reclamar más patrullas nocturnas para “localizarle y devolver la tranquilidad”. En su mensaje, la portavoz reconocía que resultaba difícil “confirmar el alcance de cada rumor”, pero a renglón seguido afirmaba que “la alarma social ya se ha instalado” y que el temor era “real y respetable”. La Policía Local, sin embargo, ofreció una versión sensiblemente distinta. A través de sus canales oficiales, el cuerpo explicó que las pocas llamadas recibidas en relación con este asunto “han resultado falsas alarmas” y pidió a la ciudadanía que avisara únicamente si había visto directamente al supuesto individuo, “y no en base a lo que hayan podido escuchar de terceros”. Es decir: las autoridades desmontaban la existencia de una ola de avistamientos verificados mientras la portavoz construía un relato de psicosis colectiva.
El mecanismo es reconocible. Un puñado de imágenes de origen incierto circula por grupos de mensajería y redes sociales. Alguien llama a una responsable política a las dos de la madrugada. Esa responsable convierte la anécdota en un mensaje de alarma pública. Un medio de comunicación recoge el eco sin verificar la cadena de custodia de las imágenes. Y el resultado es un clima de inseguridad instalado en la conversación pública sin que exista un solo hecho comprobado que lo sostenga. El propio cuerpo policial ha abierto una investigación, pero sus primeras conclusiones apuntan precisamente a la inconsistencia del relato. La portavoz popular en un segundo vídeo aconseja no publicar en redes sociales y llamar a la policía, algo que ella, el 9 de septiembre no hizo, le faltó tiempo para amplificar a un payaso en redes sociales. Lo llamativo no es solo el contenido del bulo, sino su oportunidad. El municipio de Rivas-Vaciamadrid, gobernado por la izquierda, lleva meses siendo escenario de una disputa política intensa entre el PP local y el equipo de gobierno.


En marzo, la misma portavoz popular denunciaba una “campaña de acoso” contra una concejal del PP que también dirige un colegio público, acusando al ayuntamiento de orquestar una estrategia de señalamiento. El clima de confrontación no es nuevo. Lo que añade este episodio es un ingrediente distinto: la fabricación de una amenaza difusa, difícil de desmentir del todo porque nunca se concreta, pero suficientemente eficaz para instalar la sensación de que algo grave ocurre en las calles. No consta que el PP de Rivas haya presentado una denuncia formal por estos hechos. No consta que ninguna de las supuestas víctimas lo haya hecho tampoco. Lo que consta es una publicación en redes sociales, un eco mediático y una investigación policial que, por ahora, apunta en dirección contraria a la alarma. Cuando la seguridad deja de ser un problema real y se convierte en un instrumento de desgaste político, el daño no lo paga el adversario: lo paga la convivencia de un municipio que, un día cualquiera, amanece con miedo a un payaso que nadie ha visto. Parafraseando al líder del PP, José María Aznar, parece que los responsables de la creación de este payaso no están ni en desiertos remotos ni en montañas lejanas, sino quizás en despachos cercanos.
La información actual es que la Guardia civil ha centrado sus investigaciones en localizar de donde parte el bulo de la existencia del payaso y avisa de que podría suponer un delito.





