Sí, en ese lugar donde hoy usted gobierna, pero que durante el franquismo fue la sede de la Dirección General de Seguridad.
Usted no lo vivió, y parece que poco le importa, pero allí se torturó, se humilló y se aplastó la dignidad de muchas personas que, de verdad, luchamos por la libertad.
La auténtica, la que dignifica, la que no se compra ni se negocia. Ahora, el Gobierno quiere colocar en ese mismo edificio —y también en el cementerio de La Almudena, donde tantos antifascistas fueron fusilados— una placa conmemorativa para no olvidar lo sucedido. Y usted, señora Ayuso, no solo se niega: se burla. Con su desprecio, insulta la memoria de quienes dieron su vida por un país libre.
Su actitud no es solo una falta de respeto: es una vergüenza. Porque un pueblo que no recuerda su historia, está condenado a repetirla. Y eso, señora Ayuso, sería una tragedia para todos.
Ya sufrimos demasiado como para permitir que se pisotee de nuevo la memoria de los que lucharon por la dignidad y la justicia.





