Rosa García Rodríguez ex trabajadora de EASC Alcorcón (Manantial gestión SL)
Marco Marchioni defendía la intervención comunitaria como un proceso colectivo, político y estructural, no como un acto de sacrificio individual. Sin embargo, en lo social hemos interiorizado un patrón muy peligroso: el de la profesional “vocacional” que aguanta todo, cuida siempre y no pide nada a cambio.
Ese relato nos ha hecho mucho daño.
Hablamos de un trabajo altamente feminizado, con formación universitaria, alta responsabilidad técnica y emocional… y salarios que rozan el SMI. Hablamos de profesionales que cuidan, sostienen y acompañan, mientras nadie cuida de ellas. De plantillas precarizadas, quemadas y fácilmente “sustituibles” por voluntariado o por otras categorías profesionales menos reconocidas y peor pagadas.
La vocación, cuando se utiliza así, deja de ser un valor y se convierte en una herramienta de explotación.
Desde el enfoque de Marchioni, el trabajo comunitario requiere equipos estables, cuidados, reconocidos y con condiciones dignas. No héroes ni mártires. Sin profesionales sostenidas, no hay procesos comunitarios reales. Sin derechos laborales, no hay transformación social.
Lo más preocupante es que muchas entidades (con total falta de pudor) fomentan este discurso del sacrificio porque es rentable: cuanto más aguantas “por vocación”, menos cuesta tu trabajo. Y así, la ética se subordina al beneficio.
Sostener lo insostenible no es ética profesional. ES EXPLOTACIÓN





