La atención a las personas pacientes de Salud mental en la Comunidad de Madrid se enfrenta a una nueva crisis silenciada. A finales de año, la empresa Manantial Gestión SL renunció a seguir gestionando los Equipos de Apoyo Social Comunitario (EASC), un servicio esencial para cientos de personas en situación de vulnerabilidad. Sin embargo, lo que debería haber sido un traspaso ordenado para garantizar la continuidad asistencial se ha convertido en un conflicto laboral y asistencial que afecta directamente a quienes más necesitan estabilidad.
El convenio colectivo aplicable contempla claramente el derecho a la subrogación de las plantillas, una figura diseñada precisamente para preservar el vínculo terapéutico cuando cambia la empresa gestora. Pese a ello, tanto Manantial Gestión SL como la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid están negando este derecho, forzando una situación insostenible. La mercantil ha ido desplazando a gran parte de las trabajadoras hacia otros recursos, mientras la administración calcula el ahorro económico. En la actualidad, apenas siete trabajadoras permanecen aún en el servicio de las plantillas originales de enero, y según denuncian, están siendo presionadas por la dirección para aceptar cualquier puesto que surja en la empresa, bajo la amenaza de tener que indemnizar una cantidad elevada y con el añadido de una advertencia: que quizás la administración prescinda por completo del servicio de los EASC.
Desde el comité de dirección, dirigido por la exalcaldesa de Torrelodones, Elena Biurrun, se habría utilizado esta supuesta incertidumbre como herramienta de presión, una mentira interesada que contrasta con lo ocurrido esta misma semana en el pleno de Torrejón de Ardoz, donde el PP incluyó una enmienda a una moción de Más Madrid en la que se señalaba que el servicio continuará con otras empresas ya acordadas, instando además a respetar la subrogación de las plantillas.
Pero mientras la empresa y la administración dirimen sus diferencias, quienes sufren las consecuencias son las personas atendidas. Personas con sufrimiento mental que ven roto de forma abrupta el vínculo forjado durante años, en muchos casos el único sostén afectivo y social que tienen. Sus testimonios reflejan una realidad demoledora:
“Estaba con depresión y muy baja. Fue muy bueno para mi ánimo. No asumo la enfermedad y así puedo ir asumiendo que tengo que vivir con ello.”
“Llevo casi 3 años atendida.”
“Está sirviendo para tener alguien para relacionarme con todo esto que he vivido desde que falleció mi madre. Empeoré al morir mi madre aunque llevaba muchos años en psiquiatría. Es un gran apoyo para mí además de la orden de alejamiento con mi pareja tras 12 años de tortura e ingresos psiquiátricos. Es apoyo emocional y pensar que hay un futuro.”

“Echo mucho de menos a Carol y María tras cambiarlas la empresa. Eran mi guía para pensar y ordenar emociones.”
“Cuando os vayáis y venga otra empresa con otra gente lo veo con dudas. Pienso abandonar porque no quiero empezar de cero, quiero mantener este trabajo, poder ir yendo a Alcalá alguna vez sola en bus y si os vais voy a caer. Ya he cambiado al irse dos de vosotras y ahora otra vez. No lo sé, el abandono es una opción, volver a abrirme, sentirme entendida… uff. No saben lo que significa. Sin vosotras no me levanto ni en mi quería día vivo. Solo el día que nos vemos. Con vosotras pude salir de la resi, vivo sola, me intento organizar pero ahí vuestra ayuda es… ¿Quién va a ayudarme a seguir mejorando con mis hijas? No valoran vuestro trabajo, pero dais sentido a mi vida. No le importó ni a Manantial ni la Comunidad.”
“No quiero centros donde ir. Eso no va conmigo. Tengo que estar en casa, mi familia está aquí, mis hijos, marido, madre…”
“Más de 10 años.”
“Tener un apoyo para muchas cosas. Estuve ingresada 4 meses lejos de mi casa y el educador social venía hasta allí. Más allá de mi marido cuando podía o algún hijo venía él. Y así muchas cosas… me ayudan, me escuchan… me ayudan a solucionar problemas… les interesa que pueda estar mejor. Son a veces dos días a la semana.”
“El final no puede pensarlo, es muy duro. ¿Qué voy a hacer? Soy muy desconfiada, es volver a dejar entrar gente a mi casa, mi vida son problemas, volver a remover, contar… A la empresa le importo una mierda igual que a Ayuso. Como si me muero.”
“Pues a mi casa no pasa nadie nuevo o estas personas o nada. Se creen que es fácil cambiar y contar tu mierda de vida.”





