La Plataforma STOP Fórmula 1 Madrid ha desmontado con números el principal eslogan que vendió el proyecto: que el Gran Premio no costaría «ni un euro» a los madrileños. Nada más lejos de la realidad. Según un estudio basado en datos del portal de licitación de IFEMA, solo este año se han comprometido 319 millones de euros en gastos para la organización del evento. Y lo que es peor, la factura real podría ser aún mayor.
Esta cifra, ya de por sí astronómica, incluye partidas tan millonarias como la construcción y reposición de infraestructuras en el barrio de Hortaleza (casi 166 millones), la ampliación de los pabellones de IFEMA para zonas VIP (82 millones) y el montaje y desmontaje de pasarelas peatonales (27 millones). Pero la plataforma advierte de que esto es solo la punta del iceberg. Falta por contabilizar el contrato con la empresa estadounidense Liberty Media, que gestiona los derechos de la F1. Según estimaciones, este canon anual ascendería a 48 millones, lo que dispararía el gasto total en 2026 a la friolera de 367 millones de euros, más de un millón al día.
El ruido: el arma que ha despertado a los vecinos
Sin embargo, el coste económico es solo una parte del problema. La verdadera guerra se libra en los barrios de Hortaleza y Valdebebas, donde el sueño de los promotores se ha convertido en una pesadilla para los residentes. El ruido de los ensayos del Campeonato de F3, necesarios para la homologación del circuito, ha superado todas las expectativas. Los sonómetros de la plataforma registraron una media de 102,7 decibelios en una zona residencial donde el límite legal diurno es de 55. Esto supone que el estruendo fue 27 veces superior a lo permitido, con picos que alcanzaron los 109,1 decibelios.
Vecinos como Julio, de la asociación Stop F1 Madrid, describen su situación como la de vivir «encerrados en una jaula». La promesa de que las molestias solo durarían un fin de semana se ha desvanecido ante los cortes de tráfico, los atascos y los visados de acceso que convierten la vida diaria en un calvario. «Esta semana estamos encerrados en una jaula», denuncia Julio, relatando cómo el cumpleaños de su hijo se ha visto afectado por la imposibilidad de que sus familiares accedan a la zona.
¿Un negocio para unos pocos a costa de la calidad de vida?
Mientras el Ayuntamiento, en boca de su alcalde Almeida, defiende el evento como una «acción comercial y de promoción» que no financia los costes directos de la organización, la oposición y los colectivos vecinales hablan de un «gran engaño millonario». La promesa de un impacto económico de 467 millones de euros, cifra difundida por IFEMA, choca con la realidad de unos vecinos que ven cómo su calidad de vida se sacrifica en el altar del espectáculo. El propio estudio de viabilidad de IFEMA reconoce un riesgo de 270 millones para la entidad, lo que evidencia la fragilidad de un proyecto que se sostiene con el dinero y la paciencia de los madrileños.
La Fórmula 1 llegará a Madrid dejando un rastro de asfalto, pero también una profunda grieta entre la promesa de modernidad y la realidad de un barrio que se siente invadido y abandonado por sus gobernantes.





