A once días del inicio de las hostilidades, Irán apuesta por una guerra de resistencia mientras el estrecho de Ormuz se convierte en el epicentro de la asfixia económica global
La guerra entre la coalición USA-Israel e Irán ha entrado en una fase de desgaste cuyo principal campo de batalla no son solo los cielos de Oriente Próximo, sino los mercados energéticos mundiales. Mientras Estados Unidos e Israel intensifican sus ataques contra infraestructuras militares y nucleares iraníes, Teherán ha activado su verdadera arma estratégica: el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial.
Irán niega haber atacado Chipre o Turquía, y fuentes diplomáticas consultadas señalan que no existe confirmación de organismos internacionales sobre estos incidentes, lo que abre la puerta a posibles operaciones de falsa bandera. Sin embargo, el relato ya está creado y presiona a los países europeos a posicionarse junto a la coalición liderada por Washington.
La estrategia de la resistencia
El régimen de los ayatolás lleva décadas preparando una intervención de estas características. Según analistas citados por Reuters, Irán apuesta por convertir el conflicto en una «guerra de desgaste» que agote económica y políticamente a sus adversarios. Su objetivo no es tanto una victoria militar como sobrevivir y hacer que el coste de la contienda sea insoportable para Occidente.
El Cuerpo de Guardianes de la Revolución (IRGC) ha demostrado un control férreo tras la muerte del ayatolá Jamenei en los primeros ataques, elevando a Mojtaba Khamenei como nuevo líder supremo. «Están como un animal herido, más peligroso que nunca», advierte Alex Vatanka, del Middle East Institute.
El pulso del petróleo
La guerra económica ya se nota en los surtidores. El precio de los combustibles se ha disparado en España y Europa, altamente dependientes del petróleo cuya producción controla Estados Unidos a través de sus aliados en la región. La amenaza de cierre del estrecho de Ormuz —aunque Irán ha ordenado permitir el paso a buques de países no implicados en el conflicto— mantiene en vilo a los mercados.
China, con una producción de energía limpia que alcanza ya el 40% de su mix energético y sin restricciones para comprar petróleo a Irán, resiste mejor el temporal. Pekín mantiene conversaciones con Teherán para garantizar el paso de sus buques y ha evacuado a más de 3.000 ciudadanos de Irán. Sin embargo, sus inversiones por valor de 89.000 millones de dólares en la región están en peligro.
La gran incógnita es cuánto podrá resistir Irán. Fuentes militares estadounidenses aseguran haber destruido gran parte de su arsenal, pero analistas regionales sostienen que Teherán conserva más de la mitad de sus misiles. Mientras tanto, en Teherán la vida continúa: «Las ventanas tiemblan día y noche, pero la ciudad funciona», describe un residente. La pregunta que nadie sabe responder es quién parpadeará primero.





