
Por David Egama
El Atlético de Madrid cerró anoche una de esas noches que quedan grabadas en la memoria rojiblanca. Ganó 1-0 al Girona FC, pero el resultado, aunque importante para pelear la tercera posición, fue casi lo de menos. Todo giró alrededor de la despedida de la leyenda: un Antoine Griezmann que vivió su último partido como rojiblanco en casa entre lágrimas, homenajes y una ovación interminable.
El partido resultó más bien soso. El Girona salió mejor y generó ocasiones claras, consciente de que se jugaba media permanencia. Bryan Gil, Tsygankov y Stuani, en la segunda mitad, pusieron a prueba a Oblak, pero volvió a aparecer la gran debilidad del equipo de Míchel: la falta de pegada. El Atlético, más práctico que brillante, encontró el gol en el minuto 20 gracias a una conexión que parecía escrita por el destino. Griezmann atacó el espacio, controló con calidad y asistió a Lookman para el único tanto del encuentro.
A partir de ahí, el choque quedó envuelto en una atmósfera extraña: tensión para el Girona y emoción para el Atlético. Cada toque de Griezmann era celebrado por la grada, consciente de que estaba viendo por última vez en el Metropolitano al máximo goleador histórico del club. Todos los jugadores le buscaban en el último pase, deseosos de verle marcar. Hacían mal, porque los catalanes se jugaban mucho, pisaban mucho el área y parecía más cerca el empate que otra cosa. Simeone lo mantuvo en el campo hasta el final, como queriendo detener el reloj unos minutos más.
Con los dedos cruzados desde la crónica anterior para que no se manchara con un resultado adverso lo que iba a suceder después, terminó el partido.
Y entonces llegó la despedida. El estadio se volcó completamente con el francés. Sus compañeros le hicieron un pasillo de honor. Los capitanes le obsequiaron con una camiseta como reconocimiento de toda la plantilla. Koke ya le había cedido el brazalete de capitán durante el encuentro. Varias leyendas rojiblancas —Godín, Solozábal, Tomás Reñones, Antonio López, Ruiz, Adelardo y, por supuesto, Fernando Torres— participaron en el homenaje. Todos le reconocían como un jugador inigualable, pero aún mejor persona. En las gradas apareció un enorme mensaje de “Gracias, Antoine”, mientras el jugador apenas podía contener las lágrimas.
Cerezo, el Cholo y el socio número 2, que le entregó una carta manuscrita, completaron los honores. Solo él sabrá el contenido, pero no creo que difiera mucho del agradecimiento de corazón de cualquier atlético.
El momento más emotivo llegó con el micrófono en la mano. Griezmann pidió perdón de nuevo por su salida al Barcelona en 2019 y reconoció que entonces no entendió “el cariño” que le tenía la afición atlética. Será porque en ese momento el ADN aún no estaba transformado al cien por cien. Si hubiera sido así, lo habría comprendido. Esta afición derrama más lágrimas por ver marchar a un jugador querido que por perder una final.
Quiero aprovechar para recordar que su familia sí tenía ese ADN. Su mujer le aconsejaba no irse y su pequeña —me permito recordar la anécdota—, cuando estaban visitando su nuevo estadio ante un papá que le animaba a gritar “¡Barça!”, respondió con un contundente “¡ATLETI!”.
También agradeció especialmente a Simeone, al que señaló como la persona que cambió su carrera y le ayudó a convertirse en uno de los mejores futbolistas del mundo. De hecho, como ya declaró Diego Pablo: “No es amigo mío, pero le quiero con locura”.
De lado quedan las injusticias deportivas —o no tan deportivas—, como no haber levantado una Liga o una Champions, o no haber recibido el Balón de Oro. No le hace falta. Se lleva el amor de su afición, el respeto y la admiración de sus rivales. Eso, al igual que ocurre con Trejo en el Rayo, es lo que te convierte en mítico.
Se marcha una leyenda absoluta del Atlético (para mí el mejor jugador que hayamos tenido): a falta de una jornada, deja 212 goles, 100 asistencias, 500 partidos y un legado enorme en el club. Su ejemplo de profesionalidad, disciplina y humildad es la mejor lección para la cantera atlética.
Su destino será la MLS, concretamente el Orlando City SC, pero anoche quedó claro que una parte de Griezmann siempre seguirá ligada al Atlético y al Metropolitano.





