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El síndrome de Diógenes retro

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Por Jgnavarro
Hay una línea muy delgada que separa al coleccionista apasionado del chatarrero nostálgico. Al principio, todos empezamos de forma inocente: te compras la consola de tu infancia, un par de juegos clave y quizá un libro sobre la historia de los microordenadores. Todo limpio, ordenado y con sentido. Pero si no tienes cuidado, un día te despiertas, miras a tu alrededor y te das cuenta de que has desarrollado un síndrome de Diógenes retro de manual. Tu casa ya no es un museo de la informática; es el punto limpio de tu barrio en el año 1988.

Este vicio de acumular cualquier porquería que pase por delante de nuestros ojos responde a un mecanismo psicológico perverso. Nos hemos autoconvencido de que todo lo que tenga cables, chips obsoletos o huela a plástico viejo tiene un valor intrínseco. Si lleva un logotipo de una marca extinguida, automáticamente se activa en nuestro cerebro la alarma de «¡esto es historia de la tecnología, no se puede tirar!». Y ahí empieza la tragedia.

El Diógenes retro no discrimina. Ya no buscas ese juego de rol japonés descatalogado que tanto te costó encontrar; ahora acumulas por volumen. Te descubres a ti mismo comprando en un mercadillo un lote de quince disquetes de 3.5 pulgadas de marca blanca, todos rayados, que contienen copias corruptas del WordPerfect 5.1 y una base de datos de una copistería que cerró en 1994. ¿Tienes un ordenador donde meter esos disquetes? No. ¿Funcionan? Seguramente no. Pero los compras «por si acaso».

La casa del diógenes retro es un mapa geográfico del desastre. Los síntomas de la enfermedad son inconfundibles:

• La caja de los transformadores: Un agujero negro textil donde se retuercen cincuenta cables de alimentación negros. Pesan tres kilos cada uno, tienen clavijas que no encajan en ningún aparato del siglo XXI y el 90% están pelados. Si tiras de uno, salen tres más haciendo un nudo indisoluble.

• Las carcasas amarillentas: Torres de ordenadores clónicos con procesadores 486 o Pentium I que ocupan medio armario. Tienen pegatinas de «Intel Inside» descoloridas y acumulan dentro una fauna de pelusas y polvo que podría iniciar una nueva pandemia.

• Los periféricos inútiles: Ratones de bola que no deslizan, teclados con la tecla espacio atascada por restos de patatas fritas de la Expo 92 y joysticks de ventosa que ya no se pegan ni a una mesa de cristal.

Para justificar este Síndrome ante nuestras familias, los afectados hemos desarrollado una narrativa maravillosa: «Lo voy a restaurar». Esa es la gran mentira que nos contamos a nosotros mismos. Compras un Astrand CPC roto, mugriento y con la correa de la disquetera más seca que la mojama, prometiéndote que el próximo fin de semana comprarás alcohol isopropílico, retrobright para blanquear el plástico y lo dejarás como nuevo. La cruda realidad es que esa máquina pasará los próximos seis años en una estantería del garaje, cogiendo más humedad y sirviendo de nido para las arañas.

Lo más irónico de esta patología es que la abundancia ha matado el placer. De niños, tener un solo cartucho o una cinta de casete nueva era un acontecimiento nacional; la exprimías durante meses. Hoy, el acumulador retro tiene tres armarios empotrados llenos de cajas de cartón, miles de roms en el disco duro y se pasa la tarde ordenando estanterías, limpiando el polvo a carcasas vacías o clasificando cables por colores. Acumulamos tanto que ya no nos queda tiempo para lo único que de verdad importaba: sentarse delante de la pantalla, apagar el cerebro y simplemente jugar.

Test de diagnóstico: ¿Eres un coleccionista sano o tienes Diógenes Retro?

Responde con total honestidad a estas cinco preguntas y suma tus puntos para descubrir en qué lado de la trinchera de la cordura te encuentras. 

1. Encuentras en un rastro una caja de zapatos llena de casetes de música grabadas de la radio en 1987. ¿Qué haces?

• A. Pasar de largo. Es basura y la cinta magnética estará desmagnetizada. (0 puntos)

• B. Mirar si alguna tiene una portada chula o un recopilatorio raro de la época. (2 puntos)

• C. Comprar la caja entera por 5 euros porque «en alguna de esas cintas podría haber oculto un juego pirata de Spectrum que no está preservado». (5 puntos)

2. Hablemos de ese rincón, cajón o caja de plástico que tienes en casa… ¿Qué hay dentro?

• A. Cables ordenados y etiquetados de los aparatos que uso habitualmente. (0 puntos)

• B. Un par de mandos de repuesto y algún cable de vídeo que guardo por si se rompe el actual. (2 puntos)

• C. Un nido de víboras de transformadores que pesan como un yunque, euroconectores pelados y cables de antena de televisión analógica que no se conectan a nada desde el apagón tecnológico. (5 puntos)

3. Compras un ordenador clásico que no enciende, le faltan tres teclas y la carcasa parece haber sobrevivido a un incendio. Tu plan real es:

• A. No lo compro. No sé arreglarlo y no quiero trastos rotos. (0 puntos)

• B. Llevarlo a un amigo que sabe de electrónica para usarlo como donante de piezas para el mío. (2 puntos)

• C. Guardarlo en el fondo del trastero mientras repito el mantra: «Este invierno le limpio la placa con alcohol isopropílico, le cambio los condensadores y lo dejo nuevo». (Alerta: llevas diciendo esto desde 2018). (5 puntos)

4. Entras en el despacho, habitación de los juegos o trastero de tu casa. ¿Cómo está el espacio?

• A. Es un sitio limpio, minimalista, donde se puede limpiar el polvo en menos de cinco minutos. (0 puntos)

• B. Hay bastantes estanterías con juegos colocados, pero se puede caminar sin tropezar. (2 puntos)

• C. Tienes que hacer movimientos de contorsionista para no tirar una torre de monitores de tubo o cajas de cartón vacías de placas base clónicas. (5 puntos)

5. Tu conviviente de piso te dice la mítica frase: «O tiras esa porquería o te vas tú con ella». Tu reacción interna es:

• A. Tienen razón, se me ha ido de las manos. Voy a hacer limpieza general. (0 puntos)

• B. Intentar negociar y esconder dos o tres cosas en un armario donde no se vean. (2 puntos)

• C. Pensar indignado: «No entienden nada. No es basura, es patrimonio tecnológico de la humanidad. El día de mañana esto valdrá una fortuna». (5 puntos)

Resultados: ¿Cuál es tu nivel de gravedad?

• De 0 a 5 puntos – El Infiltrado: Tú no eres un coleccionista retro de verdad, eres un turista de la nostalgia. Tienes un sentido de la lógica y el espacio demasiado sano para este mundillo. Vuelve a tu minimalismo moderno y déjanos sufrir en paz.

• De 6 a 15 puntos – Coleccionista en Fase Temprana: Tienes pasión por el mundillo y te gusta conservar las cosas de tu infancia, pero mantienes el control de tus impulsos. Sabes diferenciar un buen juego de un trozo de plástico inútil. Mantente firme y no dejes que el virus de la acumulación avance.

• De 16 a 25 puntos – Caso Crítico de Diógenes Digital: Enhorabuena, tu casa califica oficialmente como vertedero tecnológico de la guerra fría. Compras por volumen, guardas basura «por si acaso» y tienes acumulados suficientes transformadores negros como para hundir una fragata. Tu trastero huele a silicio quemado y plástico rancio, y eres feliz así. Pide ayuda… o compra otra estantería.

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